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miércoles, 12 de marzo de 2025

Para Bailar Se Necesitan Dos - Narumitsu

 Sabía más que nadie que no debía estar ahí. Pero era de noche, no había policías, y era su única oportunidad para investigar por su cuenta.

De por sí fue difícil conseguir que Edgeworth aceptase ayudarle con su propia investigación, sobre todo porque era el testigo estrella de Payne, pero sorprendentemente accedió antes de que Phoenix tuviese que acudir a ponerse de rodillas y llorar. Entonces ahí estaban, en la escena del crimen. Las luces del hotel aún encendidas y pocos policías manteniendo guardia de los alrededores. Edgeworth, de todas formas, encontró una manera de pasar desapercibidos; fuera de los ojos de los policías y el inspector encargado del caso.

—¿Por qué tienes esa llave? —Preguntó Phoenix curioso al ver a Edgeworth abrir una puerta del fondo del edificio.

—No quieres saber cómo consigo las cosas que consigo, Wright, o por qué las consigo. —Contestó vagamente y Phoenix no insistió más.

Al entrar, los recibió la oscuridad de un pasillo del personal del hotel, y lo atravesaron hasta dar con la puerta que abría paso a la piscina, la cual de frente daba cavidad a dos caminos. Al caminar a la izquierda, llegarían a la recepción. A la derecha, llegarían al salón de eventos. La escena del crimen.

—Empieza a rezarle a todo lo que crees santo por que no haya ningún policía ahí. —Dijo Edgeworth antes de empezar a caminar hacia el salón.

—Gumshoe y Payne están investigando juntos el cuarto de hotel de la víctima. Creo que tenemos un poco de tiempo. —Contestó Phoenix sin más. La verdad, se sentía bastante determinado con ese caso. Tal vez era el tener a Edgeworth de su lado en la investigación lo que le provocaba esa determinación.

A pesar de estar rodeado por cintas policíacas y que no se había limpiado el desbarajuste de las mesas, el champán, el vidrio de las copas y una que otra silla en el suelo a los alrededores del salón, todavía se veía impecable. Los tonos rojizos y violáceos de las luces en la oscuridad proyectándose en los diamantes plateados le daban a la atmósfera un aire soñador. La sala estaba completamente oscura excepto por aquellas luces de ambiente y el proyector sobre la silueta de la víctima cuando cayó al suelo.

La víctima, Fleu Garmort, un florista francés de treinta y dos años que había sido invitado a un evento en este mismo salón hace dos días, el día de la inauguración del hotel. Para ese mismo evento había sido invitado Edgeworth, quien decidió asistir para disfrutar de una noche amena y social antes de su vuelo a Berlín. Sin embargo, en medio de la fiesta, en esa pista de baile, el hombre había sido asesinado, y todo apuntaba a que su asesina había sido Margareth Spencer de veintiocho años, la clienta de Phoenix. Edgeworth tuvo que prolongar su vuelo porque había sido llamado a testificar para el juicio, ya que había visto el momento exacto en el que empezó a bailar la pareja y el momento exacto en el que cayó la víctima.

Más no vio el asesinato como tal, y ese era el punto.

—Aquí estamos. —Dijo Edgeworth cruzado de brazos bajo la luz brillante del reflector— ¿Para qué me querías?

—Está bien. —Phoenix se aclaró la garganta antes de hablar—. Necesito que me describas con la mayor cantidad de detalle posible lo que viste exactamente.

Edgeworth arqueó la cabeza y se cruzó de brazos.

—Ya lo hice en el juicio de hoy. No hay nada que te pueda contar que no te haya contado. No entiendo para qué me arrastraste aquí.

Phoenix se mordió el labio, pero sólo por un segundo. Un segundo tan corto que duda que Edgeworth lo hubiese percibido en absoluto.

—Por favor, Miles... Tal vez estar en la escena te hará recordar todo con más claridad. Tienes que aceptar que hubo varias contradicciones y huecos en tu testimonio ¿Por qué no llenarlos?

El fiscal se vio un poco asombrado por el repentino uso de su primer nombre saliendo de aquellos labios después de tanto, tanto tiempo. A la final soltó un pesado suspiró y accedió.

—Está bien. —Relajó los brazos e irguió su estatura, desviando la mirada al suelo para prestar atención a donde pisaba—. El señor Garmort y la señorita Spencer estaban bailando justo aquí. Él la guiaba a ella con sus movimientos lentos y ella se dejaba llevar. Ambos parecían sonrientes al principio. Luego, de repente, lo siguiente que veo es al señor Garmort cayendo de bruces al suelo. —Explica Edgeworth. Lo mismo que dijo en la corte ese día—. Supongo que... La señorita Spencer cambió las posiciones dando una vuelta semicompleta con su pie izquierdo, cambiando la posición de sus manos, e inclinándose sobre el hombre. Aprovechó su estado de estupefacción, junto con la posición en la que estaban, sacó el arma de su muslo y lo apuñaló por la espalda.

—Espera... —Phoenix cerró los ojos con fuerza para procesar la información que se le había dado—. Me perdí en baile ¿Puedes volverme a explicar?

Edgeworth suspiró. —Es mejor si te lo enseño. Ven.

¿Miles? ¿Enseñarle a bailar? ¿A él? Se sentía tan inverosímil. Cómo una de aquellas fantasías con las que solía soñar despierto cuando tenía quince años. Pero esta vez era de verdad, y estaba pasando en ese momento.

—Yo seré la víctima y tú serás la señorita Spencer ¿Te parece? —Sugirió Edgeworth

—A-Ajá... —Tartamudeó Phoenix nervioso.

—Entonces...

Edgeworth posó su mano en la cintura del abogado, quien por su parte había puesto la suya en el hombro del fiscal para después entrelazar sus manos sueltas. Ambos se hallaban debajo del único reflector encendido, y así empezaron a bailar, guiados por Edgeworth.

Empezaron con lo usual. Ambos entrelazados, dando vueltas lentas alrededor del otro, y Phoenix no se podía sentir más nervioso. Aquella cercanía tan cautivadora estaba haciendo mellas con su lucidez. Tenía que concentrarse en los movimientos de Edgeworth, pues aquellos eran claves para la defensa a favor de la señorita Spencer, pero no podía concentrarse en sus pasos cuando estaba embriagándose con el olor del perfume del hombre ni cuando se sentía envuelto por su calor.

Por un momento, un momento fugaz, ambas miradas se encontraron. El café y el gris, brillando bajo la almidonada luz del reflector.

Edgeworth carraspeó.

—Ahora, cambia de posiciones. Pon tu mano en mi cintura y yo la pondré en tu hombro.

Habiendo dicho eso—porque siempre ha sido muy obediente—, Phoenix acató la orden. Se llevó la mano a la cintura de Miles, cubierta por la tela, provocando que éste automáticamente se llevara su propia mano a su hombro.

—¿Y-Y ahora...? —Phoenix tartamudeó de una manera que no lo hizo sentir orgulloso en absoluto.

—Estuvo bien, Wright, pero me gustaría que lo hicieras más rápido. —Edgeworth pausó por un momento—. El cambio de posiciones, es decir. Quiero que cuando pongas tu mano en mi cintura, inmediatamente hagas el intento de inclinarte sobre mí. Así entenderás mejor lo que asumí que sucedió esa noche.

—Está bien...

Phoenix repitió la acción. Esta vez, se llevó la mano de Edgeworth más a su espalda que a su cintura y se inclinó sobre él, forzando al fiscal a sostenerse de sus hombros en busca de estabilidad. Entonces, ahí estaban ellos; debajo de aquel reflector de ensueño, rodeados de luces de ensueño, y mirándose fijamente a través de sus hileras de pestañas.

Phoenix podía jurar que el corazón de Miles estaba latiendo desbocado, pero la cercanía entre ambos era tanta que provocaba que los latidos de uno se confundieran con los del otro y viceversa. Como si fueran los dueños de un solo corazón. Como si estuvieran destinados a estar así de cerca, sus pechos juntos, sus corazones anhelando ser parte del otro como dos piezas de un mismo rompecabezas ansiando ser completado.

La adrenalina no dejaba de cosquillear debajo de su piel, y temió humillarse ante aquellos preciosos ojos grises que lo miraban penosos entre una hilera de largas pestañas castañas, debajo de una mata de cabellos grises que se pegaban con ternura en sus pómulos y partes de su nariz romana.

Parecía que ambos anticipaban un beso ante tanta cercanía; mas, por un momento, aquel intercambio de miradas parecía un beso por sí solo. Un momento en el que los límites de la intimidad se confundían en una nube densa que enturbiaba sus cabezas y hacía muy difícil que se mantuvieran sobrios.

Phoenix se aclaró la garganta.

—¿Así está bien... Miles?

Miles se sobresaltó de nuevo ante escuchar su primer nombre saliendo de esos labios, y tembló cuando se percató de lo cerca que estaban de los suyos propios.

En un atisbo de lucidez logró recordar el porqué de todo aquello. Porqué ambos estaban a centímetros de distancia del otro. Porqué estaban repitiendo aquel baile. Porqué sus respiraciones se mezclaban y sus manos se entrelazaban.

Edgeworth tragó en seco.

—S-sí. —Tartamudeó con vergüenza—. Así está bien... Phoenix.

—¡¿Señor Edgeworth?!

La voz que escucharon gritar detrás de ellos fue, inconfundiblemente, la del inspector Gumshoe. La sorpresa fue tanta que, en un agigolón por alejarse del otro lo más pronto posible, Phoenix soltó sin cuidado a Miles y lo dejó caer del culo contra el suelo.

—¡E-Edgeworth! —Se agachó a su altura y lo ayudó a levantarse.

El fiscal, por su parte, se sobaba la nuca en un intento por aliviar su golpe.

—Inspector Gumshoe, buenas noches. —Suspiró Miles mientras se sacudía sus pantalones de noches.

—Señor Edgeworth... M-Me sorprende verlo aquí a estas horas de la noche.

—Lo mismo digo ¿No habían terminado la investigación hace unas horas?

—Así debió de haber sido, señor, pero... —Gumshoe se rascó la nuca, un tic que hacía cuando estaba nervioso, que era casi siempre cuando estaba alrededor de Edgeworth—. El fiscal Payne pensó que sería mejor si hacíamos una investigación más profunda del cuarto de la víctima. Lo que sí me pregunto es qué hace él aquí.

Lo último se completó señalando a Phoenix con un dedo amenazante, lo cual hizo que se tensara por un momento.

—Tiene mi permiso. —Contestó Edgeworth. Y eso debió de haber sido más que suficiente—. Tuvo la misma idea que tú y Payne.

—¿Consiguieron algo allá arriba? —Preguntó Wright impulsivamente.

Gumshoe soltó una carcajada tosca y sin gracia al mismo tiempo que echaba sus hombros atrás. Claro, con Edgeworth se ponía nervioso, pero hacia Phoenix se refería con sorna.

—¡Eso lo descubrirás mañana en el tribunal, amigo! No hay manera en la que te dé permiso para ver la investigación del departamento de policía. —Contestó con esa sonrisa socarrona que sólo sabía hacer el inspector—. Deberían irse justo ahora. Ya es muy tarde y mañana el juicio empieza por la mañana. El fiscal Payne también se estará yendo en breve.

Phoenix apretó los labios; ¿Había cumplido con lo que quería descubrir con esa investigación? Tenía que pensarlo mejor. No fue muy consciente del baile en un sentido analítico; pero, Dios ¿Quién podría? Con su rostro tan cerca de él... Con esos ojos grises perforando en lo más profundo de su ser a través de los suyos propios... Era casi imposible para él pensar en cualquier otra cosa.

Antes de darse cuenta, estaba en la puerta del hotel, listo para caminar junto a Edgeworth a donde sea que estacionó su auto deportivo rojo.

—¿Te sirvió?

La voz de Edgeworth, repentinamente, lo sacó de sus pensamientos. Al levantar la mirada el hombre estaba junto a la puerta abierta del lado del acompañante.

—¿Disculpa?

—Esa pequeña... Pesquisa tuya. —Aclaró— ¿Sirvió de algo?

—Ah... —Phoenix se apresuró a asentir—. Claro, por supuesto. Puedo hacerlo funcionar.

Dios quiera que lo pueda hacer funcionar...


Fecha: 17 de Abril del año 2024

Turnabout Teachers - Narumitsu

 Apollo accompanied Trucy during lunchtime every day. Even though Trucy was a few years younger than him—and that she would probably rather be with her friends than with him—she was good company. They would sit together and talk about her favorite band (a taste that Apollo did not share) or about new magic tricks for which, unfortunately, she would use poor Apollo as a guinea pig.

The reason he insisted on getting so close to Trucy Wright at lunch was because—and he would never say this out loud—he saw Mr. Wright, the ninth-grade English teacher, as a father figure. And him getting closer to Trucy would be a way to feel included in her family. It was pretty stupid and pathetic, but hey! It was working out! Mr. Wright was closer to him, he had even visited their apartment several times (to rehearse Trucy's magic tricks more than to spend time with him, but that's not relevant), and he trusted Apollo enough to leave him in charge of his sweet fourteen-year-old daughter.

He couldn't admit it out loud. Because Mr. Wright was a terrible, careless teacher who never took his work seriously and that's why he always ended up leaving them homework every day when he was in ninth grade. But deep down, what he wanted the most was to be appreciated by him.

So, that day he did the same. He waited for Trucy outside her physics class and walked her to the lunch line. As they sat in the cafeteria, they began one of those conversations they usually had, in which they talked about things as trivial as their classes or a television show they were both watching.

Suddenly, their conversation was interrupted by a loud slam on the table. And Ema Skye, one of Apollo's classmates, was standing in front of them.

"Trucy! Is your dad married?!" She suddenly asked in an interrogating tone.

The question was so sudden that Trucy barely had time to process it and come up with a response. She didn't even have time to respond. Before she knew it, Apollo had already answered for her.

"Mr. Wright? No. Not that I know of... At least I don't think so."

Is that something he should know? Damn. Yes, it was something he should know. How would he create a father-son relationship with Mr. Wright if he didn't even know something so basic?

As Apollo faced an internal crisis, Trucy turned to answer the question more clearly.

"No, he's not. Why? Have you seen him with anyone?"

"No, but I have my suspicions, you see..." She put on her glasses, those with white frames and rose-tinted lenses, standing in a thoughtful pose "... Yesterday, Mr. Edgeworth was absent . You know that he teaches government class to us twelfth graders, right? Anyway, he was absent, and our substitute, at least in fifth period, was your dad."

Apollo cocked his head, confused.

"And how exactly is that relate to what we're talking about...?"

"You don't let me finish, Polly, you see." She sat on the bench in front of them and let both her arms fall on the table. "Mr. Wright looked quite happy as he sat down at his desk. And sometimes he would ask questions like: «Does he talks about me?» «What does he says about me?» And he looked so happy when people answered positively, smiling and laughing to himself. Now, last period, I had the same class with Mr. Edgeworth, and he was talking about him in the same cheerful tone. Saying things like: «Did Mr. Wright treat you well? Tell me the truth, because if not, I'll have to have a serious conversation with him alone.» There is a radar of suspicion turned on deep in my gut, and I came to the following conclusion: Either they're in a flirting phase, or they're already dating. One or two! And came to confirm my scientific hypothesis!"

Apollo frowned, annoyed; What was Ema implying? That Mr. Wright was dating Mr. Edgeworth? Dating... Another man? That couldn't be. Phoenix Wright was a rather masculine and serious man. He would never be with another man.

"Objection!" Apollo slammed the table suddenly and pointed at Ema accusingly "You're assuming too much! Mr. Wright would never date Mr. Edgeworth!"

"Oh yeah? Well, the only one who can tell me the truth is his daughter! Trucy!"

Trucy, on the other hand, had finished eating his lunch and was now enjoying some chips she bought from the vending machine, oblivious to the discussion and speculation of her upperclassmen.

"I won't tell you anything I know... Unless you promise to help me with my show on Friday!"

Ema and Apollo gave each other a knowing look that said everything Trucy needed to know.

"Then I won't say anything."

Ema clicked her tongue.

"It doesn't matter, there must be a way I can discover the truth by myself and it won't escape from me!"

"Good luck with that! Mr. Wright is as straight as the day is long and I can prove it!"

Klavier Gavin, who was walking by with a bag of chips in his hand, interrupted their conversation.

"Hey, herr forehead, why so aggressive? What are you guys talking about?"

"Oh, not you..." Ema rolled her eyes. "Ok, Klavier, let's see if you're good at something: Are the 9th grade English teacher and the 12th grade government teacher together yes or no?"

"Of course." Klavier said with a smile. "Those two have fucked, definitely."

Apollo grimaced in disgust at his word choice.

"Please, can't you have respect for Mr. Wright's daughter here? Look at how you're talking about her dad in front of her!"

"I don't care."

"Sh, Trucy. You don't have to pretend."

Klavier raised an eyebrow, surprised by Apollo's attitude, and walked towards Ema.

"What's wrong with shortie?"

"Apollo doesn't want to accept that his ideal male figure likes men."

"Mr. Wright is not my ideal male figure!" He immediately denied. "I don't even care! I just don't think he likes Mr. Edgeworth. In fact, I dare say they are most likely rivals."

Having finished eating, Klavier balled up his bag of chips, and took his hand to his hair to play with it. Then, he slammed the table and pointed a finger at Apollo.

"Oh yeah? And what makes you think that? Show us the irrefutable evidence that Mr. Wright and Mr. Edgeworth are rivals and not lovers."

Apollo crossed his arms and put a determined smile on his face.

"Well, in ninth grade they used to fight a lot about everything. Do you remember how careless Mr. Wright was until the week of pre-final exams in 2021?"

"When he became annoying and intense as hell and didn't tolerate even the slightest transgression?" Klavier asked.

Apollo nodded.

"Exactly. And what did he say that time?"

"I don't know. I always used my cell phone in class."

"Well, maybe it wasn't that Mr. Wright was annoying and intense as hell, maybe it was that you made his job a living hell." Ema commented between her teeth."

“Actually, I'm glad you mentioned that, Klavier." That same determined smile formed on his face again. "Because I remember that that day, Mr. Wright took you out of the classroom for being on your cell phone. Isn't that true?!"

Klavier jumped in surprise. He clenched his teeth and both fists on either side of his body and then looked away at the ground. He said nothing. He didn't deny it.

"But... You know who was there that day?" Apollo directed his gaze toward Ema "You! Can you tell me what Mr. Wright said that time?"

Emma shrugged her shoulders. "I don't know, I don't remember. I don't memorize everything he says like you do."

"Yeah, well, he said the following: «We have to put in as much effort as possible to be the class with the best grades in the final exams. Help me beat Mr. Edgeworth's know-it-all ass, will you?»" Apollo quoted a little vaguely because, well, it had been three or four years since Mr. Wright taught him "Why, if they were and are actually dating, were they so determined to be at each other's throats?"

"Objection!"

Klavier regained his composure and smirked, slamming his fist on the table. "Oh, forehead, forehead, forehead. My lovely herr Stirn, how could you overlook such an important fact?"

Apollo cocked his head, clearly confused.

"What are you talking about?"

Out of nowhere, young Gavin began playing his signature air guitar, humming a song with his mouth in the tone of a real electric guitar. Then, he pointed at Apollo with a sly smile on his face.

"Did you forget that, along with Mr. Wright, Edgeworth used to be a ninth-grade English teacher?" He put his hands in his pockets and sat back down on the bench. "The logical thing would be that they would have been rivals at that time... But many things change over the years! And the heart is among them!"

Apollo gave a start that caused him to take a few steps back and made a face of complete astonishment and bewilderment.

"...o-objection...!"

"I object to your objection!

"Shut the fuck up, Klavier!"

Klavier began to laugh full of joy when he saw how Apollo looked defeated with such a simple argument.

It couldn't end there... No... It couldn't be true! There had to be a way to disprove Klavier's argument...!

Evidence... That's it! Young Gavin lacked proof!

"Hold it!" apollo suddenly shouted.

Ema and Klavier looked up. Trucy, who was drawing in her notebook, looked up. The rest of the students in the cafeteria, taken aback by the sudden shrill scream, looked up.

All eyes were on Apollo. On Apollo Justice and his determined look.

"Klavier Gavin... Tell me..." Apollo began and then pointed an accusing finger at the aforementioned gentleman. "Do you have any evidence to prove that Mr. Wright and Mr. Edgeworth are indeed dating?!"

Seeing the look of surprise distort Klavier's serene face was the most satisfying thing Apollo could have experienced in a long time, and he had gotten a perfect score on his AP Biology exam that same day.

But satisfaction, like all things in this world, was ephemeral. The sly smile returned to Gavin's face as he searched for something in his pants pocket. Apollo was nervous, but he didn't flinch. There was no way Klavier could prove that Wright and Edgeworth were truly dating.

Or... Maybe he could...

Klavier took a crumpled note out of his pocket and left it in front of Apollo, who didn't say anything; he didn't even take the note. He just looked at the boy in front of him quite confused.

"There's your proof."

Apollo, trembling unconsciously, took the crumpled paper and opened it. Mr. Wright's unmistakable handwriting wrote the following:

«I look forward to our date. In the meantime, I brought you your favorite tea. I couldn't be more grateful to you for always being by my side.»

Apollo couldn't believe what he had read. His face turned red as a tomato and he pursed his lips in such a way that his skin could easily be mistaken for the bone of his teeth. Trucy shook it slightly.

"What does it say? Did daddy write it?"

Before Polly could respond, Klavier was already speaking.

"On Monday, almost around lunchtime, Mr. Wright entered the Government classroom and brought Mr. Edgeworth a paper bag that I assumed was his lunch. He whispered something in his ear, something that made the bitter Edgeworth laugh, and he left the room. Edgeworth pulled out a note from the bag that made him smile like a fool. One that he crumpled up and left on his desk. What you just read is that note."

Apollo couldn't believe it. He felt defeated and dejected, like a soldier on his deathbed. He dropped the note on the table and placed both hands on either side of his head.

As Apollo went through the five stages of grief, Trucy took the note and read it.

"You're such a weirdo, Klavier. Why did you have that note in your pocket?"

Klavier shrugged. "I was anticipating this conversation since I saw the note on Monday. In fact, I was going to start it before you."

"But this doesn't confirm that they are dating." Trucy said.

Apollo looked up abruptly; What had Trucy said? Was that a sign of hope?

"Trucy, what do you think it means for two people to go on a date?" Klavier asked.

Trucy put her index finger to her chin thoughtfully. "It can mean many things. I go on dates with Apollo all the time, but he's like an older brother to me, not my partner."

Apollo felt like he had won the lottery twice with Trucy's statement. Not only could he rub it in Klavier's face that he was wrong, he had also been taken into Wright's family! Ah, all that was left was for Mr. Wright to say it to make it official! Maybe, just maybe, he could even call him Dad.

"Well, at least it confirms that they are not rivals, contrary to what Apollo said. And they get along, very, very well, from what we can see." Ema said. "I still need information to confirm my hypothesis. So I will aim to gather as much information as possible for the rest of the week."

Apollo crossed his arms, his confident attitude once again entering his body.

"Good luck with that, pseudo-inspector Skye; You'll eat your words by the end of the week!"

The bell that indicates lunch's end time rang and all the students returned to their respective classrooms. Trucy had algebra at that time. And, at the last minute, the next period, she would have English class with her dad, in which she would be reading the second act of Romeo and Juliet for the next hour.

When she finished algebra class, Trucy ran to the English classroom with her sketchbook in her hand. Standing at the open door, waiting for his students to come in, there he was. One meter seventy six, dressed in his characteristic and hyper-sophisticated blue suit with a fuchsia tie. Of course it didn't surpass the extravagant cravat that Mr. Edgeworth wore around his neck, but it was still superfluous for a high school teacher.

When he saw his daughter from afar, he smiled from ear to ear.

"My princess!" Phoenix greeted happily as he welcomed Trucy in a tight hug. "Did you come to teach me something?"

"Oh yeah!"

Trucy broke away from the hug and showed her sketchbook to him. The specific page was full of various anatomy studies as well as small sketches of rabbits, Klavier or Apollo that Phoenix found amusing.

"Did you use the method I taught you?"

"The one with the baseball and the nail? Of course! If you look at the other page, it's full of faces I drew using it."

Phoenix scanned the next page with pride. It filled him with joy to see how he and his daughter shared the same love for art. Even as a hobby.

"You've improved a lot, bunny, keep it up!"

After a few pats on her head and a small caress on her cheek, Trucy entered the room and hung her backpack on the back of her own chair. Following her was Phoenix, who walked around the room to his desk. That's when the girl noticed that the classroom was completely empty.

"What happened to everyone?"

Phoenix sighed. "Apparently there is a very important test in psychology class, and the majority asked for my permission to stay and finish it during the first ten minutes of the period. The rest are still in the cafeteria, it won't take long."

Trucy shrugged and sat down. While she was pulling out her copy of Romeo and Juliet, her father got up from his desk again and looked around the door, uneasy.

"Is something wrong, daddy?" Young Wright asked, taken aback by Phoenix's sudden attitude.

"It's nothing, princess." He stammered amidst a nervous laugh, "do you think you can take care of the classroom while daddy goes to visit a friend?"

Trucy jumped excitedly. "Does that mean I'm in charge?!"

Phoenix smiled. "Sure, bunny! Just don't make too much of a mess while I'm gone. I'll be back quickly, okay?"

Trucy nodded cheerfully and then ran towards the teacher's desk. That was the authority she craved. The authority she deserved.

Meanwhile, Phoenix ran towards Edgeworth's classroom at the end of the hallway as students continued to come and go from their classrooms. There was one minute left until the bell rang. He had one last chance to see him for the rest of the day.

In the last hour, all history teachers from each grade had scheduled a meeting to organize the agenda and who knows what else. Phoenix didn't know nor did he care. He just knew that he wouldn't be seeing Miles for a while. And he wouldn't miss the chance to say a proper goodbye to him for anything.

Upon entering the room, it was completely empty, except for that man, two centimeters taller than him, with square frame glasses, gray hair and a pedantic character that only Phoenix could penetrate until he found the true attitude of the affable, benevolent young man that was hidden behind that thick layer of arrogance and coldness.

When Edgeworth looked up, his eyes met Phoenix's. Gray and brown, shining with each other's own light. Both hearts beating with each other's pulse. Both loving each other with the love that the other gave them.

A surprised expression decorated the taller man's face.

"Wright..." He said without further ado.

Phoenix's smile widened as he heard his last name leave such wonderful lips.

"Miles..."

He walked to the other end of the room and held his beloved's face in his hands. Edgeworth reciprocated by wrapping his arms around his waist.

"What are you doing here?" Miles asked. "Don't you have a class right now?"

"I wanted to see you." Wright said. "I wanted to say goodbye to you properly. When I heard that you were leaving early I couldn't stop thinking about coming to see you so I could say goodbye to you as God intended."

Miles smiled sweetly.

"Oh, darling." He chuckled. "How you love to risk your job unnecessarily."

"Hey, look, I take any opportunity that gives me an excuse to not be locked in a room with a bunch of rowdy fourteen-year-olds as little as little as possible." He planted a kiss on Edgeworth's cheek. "And look what a wonderful excuse I have found..."

"Ah, am I just an excuse?"

"Not always. I like having excuses in general, but I like them better when they involve you."

Miles giggled and kissed Phoenix on the lips. A sweet kiss full of affection. Their secret everyday goodbye routine.

If the teachers were dating? That's something no one could know. No one more than the four gray walls of the government room or the light blue walls of the English classroom who had witnessed, better than anyone else in that school, the genuine and special affection that those men had for each other.


Date: February 28, 2024

El Caso De Los Profesores - Narumitsu



Apollo acompañaba a Trucy durante la hora del almuerzo todos los días. A pesar de que Trucy era unos años menor que él—Y que, posiblemente, preferiría estar con sus amigas antes que con él—, era bastante agradable. Se sentaban juntos a hablar sobre su banda favorita (un gusto que Apollo no compartía) o sobre nuevos trucos de magia para los cuáles, lamentablemente, usaría al pobre Apollo de conejillo de indias.

La razón del porqué se empeñaba en acercarse tanto a Trucy Wright durante el almuerzo es que—Y esto nunca lo diría en voz alta—veía al señor Wright, el profesor de inglés de los de noveno grado, como a una figura paterna. Y para él acercarse a Trucy sería una forma de sentirse incluído en su familia. Era bastante estúpido y patético, pero ¡Hey! ¡Le estaba resultando! El señor Wright era más cercano a él, incluso había visitado su departamento varias veces (para ensayar los trucos de magia de Trucy más que para pasar tiempo con él, pero eso no es relevante), y le tenía confianza como para dejarle a cargo de su dulce hijita de catorce años.

No podía admitirlo en voz alta. Porque el señor Wright era un maestro terrible y descuidado que nunca se tomaba en serio su trabajo y por eso terminaba dejándoles tarea para la casa todos los días cuando él estaba en noveno grado. Pero, en el fondo, lo que más quería era ser apreciado por él.

Entonces, ese día hizo lo mismo. Esperó a Trucy fuera de su clase de física y la acompañó a la fila del almuerzo. Al sentarse en la cafetería, comenzaron una de esas conversaciones que ellos tenían, en las que hablaban de cosas tan triviales como sus clases o un programa de televisión que ambos estaban viendo.

De repente, su conversación fue interrumpida por un manotazo sonoro en la mesa. Y la figura de Ema Skye, una compañera de Apollo, se hizo presente frente a ellos.

—¡Trucy! ¡¿Tu papá está casado?! —Preguntó repentinamente en un tono interrogatorio.

La pregunta fue tan repentina que Trucy apenas tuvo tiempo para procesarla y generar una respuesta. Siquiera tuvo tiempo para responder. Antes de darse cuenta, Apollo ya había contestado por ella.

—¿El señor Wright? No. No que yo sepa... Al menos no creo.

¿Eso es algo que él debería saber? Maldición. Sí que era algo que debería saber ¿Cómo crearía una relación padre-e-hijo con el señor Wright si no se sabía algo tan básico, siquiera?

Mientras Apollo enfrentaba una crisis interna, Trucy se giró a responder la pregunta con más claridad.

—No, no lo está ¿Por qué? ¿Lo has visto con alguien?

—No, pero tengo mis sospechas, ya ves... —Se colocó sus lentes, aquellos de marco blanco y vidrios tintados de rosa, empezando a hacer una pose pensativa—... El día de ayer, el señor Edgeworth estuvo ausente. Sabes que él nos da la clase de gobierno a los de doceavo grado ¿No? En fin, que estuvo ausente, y el suplente, al menos en el quinto período, fue tu papá.

Apollo ladeó la cabeza, confundido.

—¿Y eso qué tiene que ver...?

—No me has dejado terminar, Polly, verás. —Se sentó en la banca frente a ellos y dejó sus dos brazos caer sobre la mesa—. El señor Wright se veía bastante contento cuando se sentó en su escritorio. Y, a veces, hacía preguntas tipo: "¿Les ha hablado de mí?" "¿Qué les dice de mí?" Y se veía tan contento cuando la gente respondía, sonriendo y riéndose solo. Ahora, hace un rato, me tocó la misma clase con el señor Edgeworth, y estuvo hablando sobre él con el mismo tono risueño. Diciendo cosas como: "¿Los trató bien el señor Wright? Díganme la verdad, porque de ser lo contrario tendrá serios problemas". Hay un radar de sospecha encendido en lo profundo de mi tripa, y llegué a la siguiente conclusión: O se están echando los perros, o de plano son novios ¡Una de dos! ¡Y quiero venir a confirmar mi hipótesis científica!

Apollo frunció el ceño, molesto; ¿Qué insinuaba Ema? ¿Que el señor Wright estaba saliendo con el señor Edgeworth? ¿Con... Otro hombre? Eso no podía ser. Phoenix Wright era un hombre bastante masculino y serio. Nunca estaría con otro hombre.

—¡Protesto! —Apollo golpeó la mesa de repente y señaló a Ema de forma acusadora— ¡Estás asumiendo de más! ¡El señor Wright nunca saldría con el señor Edgeworth!

—¿Ah sí? ¡Pues la única que me puede decir la verdad es su hija! ¡Trucy!

Trucy, por otro lado, había terminado de comer su almuerzo y ahora estaba disfrutando de unas papitas que se compró en la máquina, ajena a la discusión y especulación de sus superiores.

—No les diré nada de lo que sé ¡Al menos que prometan ayudarme con mi show del viernes!

Ema y Apollo se dieron una mirada cómplice que decía todo lo que Trucy necesitaba saber.

—Entonces, no diré nada.

Ema chasqueó la lengua.

—No importa, debe haber una manera en la que pueda descubrir la verdad ¡Y no se me va a salir de las manos!

—¡Suerte con eso! ¡El señor Wright tiene de hetero lo que el día tiene de largo y lo puedo probar!

Klavier Gavin, con una bolsa de papitas en la mano, interrumpió la conversación repentinamente.

—Epa, frentón ¿Por qué tan agresivo? ¿De qué hablan?

—Ay, no tú... —Ema rodó los ojos—. A ver, Klavier, veamos si para algo eres bueno: ¿Se están dando el profe de inglés de noveno y el de gobierno de doceavo sí o no?

—Por supuesto. —Dijo Klavier con una sonrisa—. Esos dos han cogido definitivamente.

Apollo hizo una mueca de asco por su uso de palabras.

—Por favor ¿No pueden tener respeto por la hija del señor Wright, aquí presente? ¡Miren como hablan de su papá frente a ella! ¿No les da vergüenza?

—A mí no me importa...

—Sh, Trucy. No tienes que fingir.

Klavier enarcó una ceja, extrañado por la actitud de Apollo, y se dirigió hacia Ema.

—¿Y al enano qué le pasa?

—Apollo no quiere aceptar que a su figura masculina ideal pueden gustarle los hombres.

—¡El señor Wright no es mi figura masculina ideal! —Negó inmediatamente— ¡Ni siquiera me importa! Sólo no creo que le guste el señor Edgeworth. De hecho, me atrevo a decir que son rivales, más bien.

Habiendo terminado de comer, Klavier hizo bola la bolsa de papitas, y se llevó una mano a su cabello para peinarlo. Luego, golpeó la mesa y señaló a Apollo con un dedo.

—¿Ah sí? ¿Y qué te hace pensar eso? Muéstranos las pruebas irrefutables que confirman que el señor Wright y el señor Edgeworth son rivales y no amantes.

Apollo se cruzó de brazos y dibujó una sonrisa de determinación en su rostro.

—Pues, en noveno grado solían pelearse mucho en todo ¿Te acuerdas de lo descuidado que era el señor Wright hasta la semana de pre-exámenes finales del 2021?

—¿Qué? ¿Cuando se puso de intenso y no aceptaba ni la más mínima transgresión? —Preguntó Klavier

Apollo asintió.

—Exacto. Y ¿Qué dijo esa vez?

—No sé. Yo siempre usaba mi celular en su clase.

—Bueno, tal vez no es que el señor Wright haya sido un intenso, tal vez era que tú le ponías el trabajo difícil. —Comentó Ema entre dientes.

—De hecho, me alegra que hayas mencionado eso, Klavier. —Esa misma sonrisa llena de determinación se volvió a formar en su rostro—. Porque recuerdo que ese día, el señor Wright te sacó del salón por estar con el celular ¡¿No es cierto?!

Klavier sobresaltó sorprendido. Apretó los dientes y ambos puños a cada lado de su cuerpo para después desviar la mirada al suelo. No dijo nada. No lo negó.

—Pero... ¿Sabes quién estaba ahí ese día? —Apollo dirigió su mirada hacia Ema— ¡Tú! ¿Me puedes decir que dijo el señor Wright esa vez?

Ema se encogió de hombros. —No sé, no recuerdo. No me memorizo todo lo que él dice, como tú.

—Sí, bueno, pues él dijo lo siguiente: "Tenemos que poner el mayor esfuerzo posible para ser la clase con la mejor calificación en los exámenes finales. Ayúdenme a vencer al sabelotodo del señor Edgeworth ¿Quieren?" —Citó Apollo de forma un poco vaga debido a que, bueno, habían pasado tres o cuatro años desde que el señor Wright le daba clase— ¡¿Porque, si son pareja, tenían tanto empeño por estar el uno contra el otro?

—¡Protesto!

Klavier recuperó la compostura y sonrió con sorna, golpeando la mesa con su puño. —Ay, frentón, frentón, frentón. Herr Stirn de mi corazón ¿Cómo pudiste pasar por alto un hecho tan importante?

Apollo ladeó la cabeza, notoriamente confundido.

—¿A qué te refieres?

De la nada, el joven Gavin empezó a tocar su característica guitarra de aire, tarareando una canción con la boca en el tono de una guitarra eléctrica de verdad. Luego, señaló a Apollo con una sonrisa socarrona en el rostro.

—¿Acaso te olvidaste de que, junto con el señor Wright, Edgeworth era profesor de inglés de noveno grado? —Se llevó las manos a los bolsillos y se sentó de nuevo en la banca—. Lo lógico sería que hubieran sido rivales en ese tiempo... ¡Pero muchas cosas cambian con los años! ¡Y entre ellas está el corazón!

Apollo dio un sobresalto que lo llevó a dar unos pasos hacia atrás e hizo una mueca de completo asombro y desconcierto.

—¡...p-protesto...!

—¡Protesto a tu protesta!

—¡Cállate la puta boca, Klavier!

Klavier empezó a carcajearse lleno de gozo al ver como Apollo se veía derrotado con tan sencillo argumento.

No podía terminar ahí... No... ¡No podía ser verdad! ¡Tenía que haber una manera de desmentir el argumento de Klavier...!

Pruebas... ¡Eso era! ¡Al joven Gavin le faltaban pruebas!

—¡Un momento! —Apollo gritó repentinamente.

Ema y Klavier levantaron la mirada. Trucy, quien estaba dibujando en su cuaderno, levantó la mirada. El resto de los alumnos en la cafetería, desconcertados por el repentino grito chillón, levantaron la mirada.

Todos los ojos estaban en Apollo. En Apollo Justice y su determinada mirada.

—Klavier Gavin... Dime... —Empezó Apollo para luego señalar al mencionado con un dedo acusador— ¡¿Tienes alguna evidencia que pruebe que el señor Wright y el señor Edgeworth son pareja?!

Ver la expresión de sorpresa deformando el semblante sereno de Klavier fue lo más satisfactorio que Apollo pudo haber experimentado en mucho tiempo, y eso que había sacado una calificación perfecta en su examen de AP Biología ese mismo día.

Pero la satisfacción, como todas las cosas en este mundo, fue efímera. La sonrisa socarrona volvió a pintar el rostro de Gavin mientras buscaba algo en el bolsillo de su pantalón. Apollo estaba nervioso, pero no se inmutó. No había manera en la que Klavier pudiera probar que Wright y Edgeworth eran verdaderamente pareja.

O... Tal vez sí...

Klavier sacó de su bolsillo una nota arrugada y la dejó frente a Apollo, quien no dijo nada, ni siquiera tomó la nota, sólo miró al muchacho frente a él bastante confundido.

—Ahí está tu prueba.

Apollo, temblando inconscientemente, tomó el papel arrugado y lo abrió. La inconfundible caligrafía del señor Wright escribía lo siguiente:

«Espero con ansías nuestra cita. Mientras tanto, te traje tu té favorito. No puedo estar más agradecido contigo por estar siempre a mi lado.»

Apollo no podía creer lo que había leído. Su rostro se puso rojo como un tomate y apretó los labios de tal manera que la piel podría fácilmente confundirse con el hueso de sus dientes. Trucy lo agitó ligeramente.

—¿Qué dice? ¿La escribió mi papi?

Antes de que Polly pudiera responder, Klavier ya estaba hablando.

—El lunes, casi a la hora del almuerzo, el señor Wright entró al salón de la clase de Gobierno y le llevó al señor Edgeworth una bolsa de papel que asumí fue su almuerzo. Le susurró algo al oído, algo que hizo al amargado de Edgeworth reír, y salió del salón. De la bolsa, Edgeworth sacó una nota que lo hizo sonreír como un bobo. Una que arrugó y dejó en su escritorio. Lo que acabas de leer es esa misma nota.

Apollo no lo podía creer. Se sentía derrotado y abatido, como un soldado en su lecho de muerte. Dejó caer la nota en la mesa y se llevó ambas manos a los dos costados de su cabeza.

Mientras Apollo pasaba por las cinco etapas del duelo, Trucy tomó la nota y la leyó.

—Eres un rarito, Klavier ¿Qué hacías con esa nota en tu bolsillo?

Klavier se encogió de hombros. —Estaba anticipando esta conversación desde que vi la nota el lunes. De hecho, la iba comenzar antes que tú.

—Pero esto no confirma que son pareja. —Dijo Trucy.

Apollo levantó la mirada abruptamente; ¿Qué había dicho Trucy? ¿Acaso era eso una señal de esperanza?

—Trucy ¿Qué crees que significa que dos personas vayan a una cita? —Preguntó Klavier.

Trucy se llevó el dedo índice a su barbilla, pensativa. —Puede significar muchas cosas. Yo salgo en citas con Apollo todo el tiempo, pero él es como un hermano mayor para mí, no mi pareja.

Apollo sentía que sé había ganado la lotería al doble con la declaración de Trucy. No sólo podía restregarle en la cara a Klavier como estaba equivocado ¡También había sido asumido en su familia! ¡Ah, sólo faltaba que lo dijera el señor Wright para hacerlo oficial! Tal vez, sólo tal vez, podía llamarlo papá, incluso.

—Bueno, al menos confirma que no son rivales, opuesto a lo que dijo Apollo. Y se llevan, muy, muy bien, por lo que se ve. —Dijo Ema—. Todavía me hace falta información para confirmar mi hipótesis. Así que me propondré recolectar la mayor información posible en lo que queda de semana.

Apollo se cruzó de brazos, su actitud confianzuda nuevamente entrando a su cuerpo.

—Suerte con eso, pseudoinspectora Skye; ¡Te tragarás tus palabras al final de la semana!

La campana que da el fin a la hora del almuerzo sonó y todos los estudiantes se devolvieron a sus respectivos salones. Trucy tenía su clase de álgebra a esa hora. Y a última hora, el siguiente período, tendría la clase de inglés con su papá, en la que estaría leyendo el segundo acto de Romeo y Julieta por la siguiente hora.

Cuando terminó la clase de álgebra, Trucy fue corriendo al salón de inglés con su cuaderno de dibujo en la mano. Parado en la puerta abierta, esperando a que entraran los estudiantes que iban y venían, ahí estaba él. Un metro setenta y seis, vestido con su característico e híper sofisticado traje azul de corbata fucsia. Claro que no sobrepasaba al extravagante pañuelo que el señor Edgeworth lucía alrededor de su cuello, pero aun así estaba demás.

Cuando divisó la imagen de su hija, sonrió de oreja a oreja.

—¡Princesita! —Saludó Phoenix alegremente mientras recibía a Trucy en un fuerte abrazo— ¿Viniste a enseñarme algo?

—¡Ah, sí!

Trucy se separó del abrazo y le mostró su cuaderno de dibujo a su padre. La página en específico estaba llena de estudios varios de anatomía, así como de pequeños bocetos de conejos, Klavier o Apollo que a Phoenix le resultaron divertidos.

—¿Usaste el método que te enseñé?

—¿El de la pelota de béisbol y el clavo? ¡Por supuesto! Si ves la otra página, está llena de caras que dibujé usándolo.

Phoenix revisó la siguiente página con orgullo. Lo llenaba de alegría ver como su hija y él compartían el mismo gusto por el arte. Así sea como un hobby.

—Has mejorado un montón, nena, sigue así.

Después de unas palmaditas en su cabeza y una pequeña caricia en su mejilla, Trucy entró al salón y colgó su mochila en el espaldar de su silla. Tras ella fue Phoenix, quien daba vueltas por el salón hasta su escritorio. Fue ahí cuando la niña notó que éste estaba completamente vacío.

—¿Qué pasó con todo el mundo?

Phoenix suspiró. —Al parecer hay un examen muy importante en la clase de psicología, y la mayoría me pidió permiso para quedarse a terminarlo durante los primeros diez minutos del período. El resto sigue en la cafetería, no han de tardar mucho.

Trucy se encogió de hombros y se sentó. Mientras sacaba su copia de Romeo y Julieta, su padre volvió a levantarse de su escritorio y se asomó por la puerta, inquieto.

—¿Pasa algo, papi? —Preguntó la joven Wright, desconcertada por la repentina actitud de Phoenix.

—No es nada, princesa. —Balbuceó en medio de una risa nerviosa— ¿Crees que puedes cuidar el salón mientras papi va a visitar a un amigo?

Trucy saltó emocionada. —¡¿Eso significa que yo estoy a cargo?!

Phoenix sonrió. —Claro, nena. Sólo no hagas mucho desastre mientras no estoy. Volveré rápido ¿Sí?

Trucy asintió animadamente para después correr hacia el escritorio del profesor. Esa era la autoridad que ansiaba. La autoridad que merecía.

Mientras tanto, Phoenix corrió hacia el salón de Edgeworth al final del pasillo mientras los estudiantes seguían saliendo y entrando de sus salones. Quedaba un minuto para que sonara la campana. Tenía una última oportunidad para verlo en lo que quedaba del día.

En la última hora, todos los profesores de historia de cada grado habían programado una reunión para organizar la agenda y quién sabe qué más. Phoenix no sabía ni le importaba. Sólo sabía que no vería a Miles por un buen rato. Y no perdería la oportunidad de despedirse apropiadamente de él por nada.

Al entrar al salón, éste se encontraba completamente vacío, a excepción de aquel hombre, dos centímetros más alto que él, con gafas de marco cuadrado, cabello gris y un carácter pedante que sólo Phoenix podía penetrar hasta encontrarse con la verdadera actitud del joven afable y benevolente que se ocultaba detrás de esa gruesa capa de arrogancia y frialdad.

Cuando Edgeworth levantó la vista, sus ojos se encontraron. El gris y el café, brillando con la luz del otro. Ambos corazones latiendo con el pulso del otro. Ambos amándose con el amor que el otro le brindaba.

Una expresión de sorpresa decoraba el rostro del hombre más alto.

—Wright... —Dijo sin más.

La sonrisa de Phoenix se ensanchó al escuchar su apellido salir de tan maravillosos labios.

—Miles...

Caminó hacia el otro extremo del salón y sostuvo el rostro de su amado entre sus manos. Edgeworth le correspondió envolviendo su cintura con sus brazos.

—¿Qué haces aquí? —Preguntó Miles— ¿No tienes una clase justo ahora?

—Quería verte. —Dijo Wright—. Quería despedirme de ti apropiadamente. Cuando escuché que te irías temprano no podía dejar de pensar en venirte a ver para poder despedirme de ti como Dios manda.

Miles sonrió con dulzura.

—Oh, cariño. Como te gusta arriesgar tu trabajo innecesariamente.

—Hey, mira, yo tomo cualquier oportunidad que me dé una excusa para no estar encerrado en un cuarto con un montón de niños ruidosos de catorce años lo menos posible. —Plantó un beso en la mejilla de Edgeworth—. Y mira qué maravillosa excusa he encontrado...

—Ah ¿Qué sólo soy una excusa?

—No siempre. En general me gusta tener excusas, pero me gustan más cuando te involucran a ti.

Miles soltó una risita risueña y besó a Phoenix en los labios. Un beso dulce y lleno de afecto. Su rutina de despedida secreta de todos los días.

¿Que si los profesores son pareja? Eso es algo que nadie podía saber. Nadie más que las cuatro paredes grises del salón de gobierno o las paredes celestes del salón de inglés que habían presenciado, mejor que nadie más en esa escuela, el afecto tan genuino y especial que se tenían aquellos hombres.

Fecha: 28 de Febrero del año 2024